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Palabras del mar
Permanecí sentado sobre la arena, contemplando el mar, dejando en la lejanía toda preocupación y todo anhelo frustrado.
Las olas a menudo me devolvían recuerdos. Respetaban mis silencios.
Era muy temprano, poco más del amanecer, y el sol bañaba la costa. Me incorporé y comencé a caminar disfrutando del aire fresco. A unos treinta metros alguien salía del agua; detrás suyo sólo se veía espuma y claridad. En la playa no había nadie, pero quizás durante mis meditaciones, una persona había decidido tomar un baño de mar.
Se dirigió hacia donde yo estaba No alcancé a distinguir sus rasgos, quise alejarme y no pude.
Se acercó y pareció decir algo, que conseguí descifrar con esfuerzo.
-La mañana es bella, ¿No es cierto?
Quedé pasmado, con los músculos fríos, inmóviles.
Tragué saliva, tomé aire y balbuceé:
-Es…imposible.
Me miró directamente, con ojos apabullantes y a la vez de profunda paz interior.
-Diría lo mismo si fuera yo el sorprendido- Dijo con una sonrisa.
-¡Eres igual a mí, no puede ser!
-No soy igual, soy tú; o más bien, tú eres yo.
Me tomé la cabeza y corrí a lavarme el rostro con vehemencia.
Volví a abrir los ojos y ya no estaba, sólo escuché:
-El sol no está tan fuerte, no alucinas ni tienes fiebre.
Se heló mi sangre y se paralizó todo pensamiento.
-No hay nada que temer, estamos aquí tú y yo- Dijo él, nuevamente a mi lado.
Comencé a correr, con todas mis fuerzas, sentía la arena tibia y en el agua, los chapoteos de sus pasos, persiguiéndome; hasta luego comprobar que se trataba de los míos, presurosos, desesperados.
-¿Por qué sigues escapando de esto? ¿Por qué no entiendes? – Me decía.
No te escondas de tu miedo, no te escondas detrás de tu miedo. ¡Regresa!
Más adelante me topé con una mujer.
-¿Dónde estabas?, aquí te esperaba.
-Pero, ¿Quién eres?
-Sonia; pero... ¿Qué te sucede?
Me alejé, confundido.
Llegué exhausto hasta el muelle. Allí una niña daba vueltas, jugando con una muñeca.
Al verme se detuvo, y me dirigió una cálida mirada.
-¿Qué le pasa, señor?
-Nada, estoy bien, un poco cansado, nomás.
-¿Le gusta mi muñeca? Me la hizo mi papá. Él está por allá.
-Sí, es muy linda, ¿Adónde?
Me señaló con el dedo, a un muchacho, el mismo del que yo había escapado en un principio.
Un frío recorrió mi cuerpo.
-Señor, algo le preocupa.
-No, ve y diviértete. Yo me quedaré con mis recuerdos, con mis sueños, hasta que caiga el día.
-Falta para eso, ¿Por qué perderá tanto tiempo?
-Estoy soñando, y pronto despertaré.
-Está bien, no le voy a insistir, pero… ¿Por qué corría?
-No lo sé.
Intenté alejarme, escapar de sus preguntas, olvidar a esa niña, a su padre, a Sonia.
No pude, mis pies me lo prohibían, el viento era muy fuerte, el mar me parecía furioso.
-Quiero dejar de ser lo que soy, cambiarlo todo; daría la vida por una vida.
Necesitaba decirlo, aunque la niña jamás entendiera el porqué de mis palabras. Necesitaba traspasar el silencio, aunque solamente me entendiera el viento.
-Usted viene al mar para oírle, ¿Verdad?
No comprendí. Ella prosiguió.
-Pues usted lo único que hace es lamentarse, huir. ¿Que pretende que le diga el mar, si usted no es capaz de prestarle atención? Cuantas personas escapan de sí mismas, a pesar de tener todo lo que han deseado, o no poseer nada. Sea libre en sus sueños, sí, pero luche por ser libre en la realidad. La realidad es vivir. Si quiere cambiar todo, hágalo pero no lo haga con miedo.
Disculpe que lo deje, pero mi padre viene por mí.
En efecto, ella fue a su lado. Su esposa, Sonia, se unió a ellos. Paulatinamente, iban desapareciendo.
Que linda familia, quizás algún día tenga una niña tan buena y lista como ella, quizás algún día tenga una mujer tan bonita y comprensiva como esa. Incluso hasta pueda parecerme a él, más de lo que él se parece a mí.
Mañana vendré al mar nuevamente, y hablaré palabra a palabra.
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